domingo, 3 de agosto de 2014

CAMBIOS INESPERADOS EN EL PANORAMA POLÍTICO ESPAÑOL QUE ABOCAN A UNA NECESARIA REFORMA




En un corto espacio de tiempo se han sucedido una serie de acontecimientos que han situado a España en las portadas de muchos medios internacionales y ha sacudido a la opinión pública española. No me refiero a la sorprendente eliminación de la Selección en el Mundial de Fútbol de Brasil, sino al panorama político español, comenzando por las elecciones al Parlamento europeo y la irrupción de la nueva organización Podemos (5 europarlamentarios), que ha sabido recoger una parte importante del descontento de la ciudadanía con la clase política.
 Esa derrota del bipartidismo trajo consigo la dimisión del líder socialista Pérez Rubalcaba y ha abierto una crisis de gran calado en el principal partido de la oposición, que, en principio, parece conjurada con el proceso de elección de nuevo secretario general a través del voto directo de la militancia. Un proceso plenamente democrático que habrá de culminar con las primarias, que podría ser el respaldo definitivo al electo Pedro Sánchez. Sin embargo, ese camino de renovación no parece llegar al otro gran partido estatal. El Partido Popular no se da por enterado, a pesar de que los votos de la izquierda, habitualmente desunida, podría desplazarle de distintos gobiernos autonómicos e importantes ayuntamientos.
            Al poco de los comicios europeos se produjo la inesperada abdicación del Rey Juan Carlos I en su hijo, el convertido tras su proclamación en Felipe VI. Este hecho provocó nuevas manifestaciones de los partidarios de la República, y el nuevo monarca ya ha anunciado un código de conducta y de fiscalización de las cuentas reales, tratando de recuperar el prestigio perdido de la institución tras los escándalos protagonizados por miembros de la Casa Real.
            Como colofón aparece el ex presidente Jordi Pujol, referente de moderación y de apuesta autonomista catalana -aunque reconvertido al independentismo-, para anunciar que engañó a la Hacienda pública en paraísos fiscales y, consecuentemente, a los ciudadanos a los que predicaba moralidad. Más argumentos para los que defienden un cambio radical por la vía de un proceso constituyente. Un cambio, por otro lado, imposible desde la legalidad si no se cuenta con un apoyo mayoritario en el Congreso y se lleva a cabo una reforma constitucional.  En cualquier caso, la reforma, a mi entender es necesaria, y sólo puede realizarse desde un amplio consenso. A partir de ahí se puede afrontar una vía federal que soluciones el encaje de Cataluña tras la difícil situación creada por la sentencia del Tribunal Constitucional contra una parte del Estatut aprobado en referéndum por los catalanes. Al mismo tiempo, que reafirme la condición de las nacionalidades, entre las que figura Andalucía,  y defina los mecanismos de contribución y presencia en España.
            El presidente Rajoy parece haber entendido que en este controvertido asunto no se puede mirar para otro lado y, al menos, ha abierto una vía de diálogo con el presidente Artur Mas, aunque la consulta para la independencia sea una cuestión insalvable en estos momentos.

La reforma necesaria
La necesaria reforma constitucional debe tener amplias miras y, como ocurrió en 1978, mucha dosis de generosidad. En esta ocasión no existen los poderes fácticos de entonces y tampoco se parte de una dictadura.   
El actual sistema político nace del pacto constitucional como culminación de la Transición a la democracia tras la muerte del general Franco. El pacto fue amplio y en el mismo tuvo un papel clave el Partido Comunista de España (PCE), que aceptó la monarquía parlamentaria.
El pragmatismo del principal partido en la lucha contra la dictadura, posibilitó el consenso y “arrastró” al reticente Partido Socialista Obrero Español. Pero no era una actitud nueva la de los comunistas españoles, se trataba de la plasmación de la política contenida en el documento por la Reconciliación Nacional que el partido había hecho público en 1956.
Tanto el PCE como el resto de la oposición democrática eran conscientes que, a pesar de las multitudinarias manifestaciones por la ruptura total, no se contaba con la fuerza suficiente para derribar a un régimen, cuyo dictador había muerto en la cama y enterrado con todos los honores.
El Ejército mantenía los principios totalitarios de una institución que se sentía victoriosa de la guerra civil y para el que no existía razón alguna por la que  los “rojos derrotados” volvieran a la escena política. Como perfecto aliado para desestabilizar la incipiente democracia actuó con toda virulencia el terrorismo de ETA y los violentos de la ultraderecha. Con estos mimbres el terreno estaba abonado para la temida involución política. Los dos intentos de golpe de Estado: la frustrada Operación Galaxia y el asalto al Congreso por guardias civiles al mando del teniente coronel Tejero fueron el corolario del permanente ruido de sables a que fue sometida el tránsito de la dictadura a la democracia, y que tuvo su continuidad con la conjura abortada de los coroneles días antes de la victoria socialista de octubre de 1982.
Con todo, el sistema creado permitió un cambio importante en España. Esa es una realidad constatable. Es cierto que ese consenso fue quebrado en 2011 por socialistas y populares al reformar el artículo 135 de la Carta Magna para imponer el criterio de estabilidad presupuestaria en la Administración, según mandatos exteriores. No obstante, la situación de crisis generalizada de instituciones y de la vida política, hace necesario un gran acuerdo que sirva para dar respuesta a los grandes problemas existentes. Para ello hay que armarse de buena voluntad y de sentido político de servicio, dejando posturas intransigentes y de frases fabricadas para la galería.

El panorama andaluz
Retomar el papel de Andalucía en esta encrucijada es un reto para los políticos que desarrollan su actividad en la comunidad. Ocuparse de la tierra a la que se deben y para la que han sido elegidos, debe ser la tarea prioritaria. La negativa de la presidenta Susana Díaz a liderar el Partido Socialista es un acierto, aunque su peso orgánico es manifiesto tras el Congreso Extraordinario que eligió a Pedro Sánchez.
Andalucía necesita políticos que hagan política andaluza sin deserciones. Ya ocurrió con Julio Anguita cuando abandonó un proyecto andaluz propio para salvar al Partido Comunista y hacer política en Madrid.
Aparte de ello, Andalucía carece de una formación propia con representación, con fuerza suficiente para hacer oír la voz de la comunidad, de las aspiraciones de los andaluces en todos los terrenos, capaz de articular un poder andaluz como ocurriera en los años de la Transición. El partido que entonces jugó ese papel –Partido Andalucista- no cuenta con voz  en el Congreso ni en el Parlamento autónomo.
Tan sólo el Sindicato Andaluz de Trabajadores aparece en el panorama como movimiento que llama la atención de las clases más desfavorecidas del país andaluz. Sin embargo, sus líderes más carismáticos continúan formando parte de Izquierda Unida.
De otro lado el nuevo movimiento Asamblea de Andalucía, que lidera el antropólogo Isidoro Moreno no acaba de dar el salto a la lucha política y para colmo comete el error de pedir la abstención en las elecciones europeas.
En el extremo la Mesa Andaluza de la Izquierda Soberanista (MAIS) representa a grupos muy minoritarios y sin posibilidades dentro de la realidad política andaluza.
Un andalucismo desunido tendría que buscar su refundación desde presupuestos progresistas, buscando alianzas puntuales con organizaciones comprometidas con un programa andaluz, y abriéndose a colectivos sociales, culturales o ecologistas.
No cabe duda, y así lo vienen a confirmar las últimas encuestas, que el panorama político andaluz y su traslación parlamentaria va a cambiar sustancialmente con la irrupción de partidos como Podemos y con el afianzamiento de UPyD. El resto de formaciones habrán de reflexionar sobre estas nuevas realidades y entender que un tiempo nuevo ha hecho presencia a pesar de los propios políticos.  


domingo, 11 de mayo de 2014

ANDALUCÍA, POR UNA POESÍA DEL COMPROMISO






Andalucía es una realidad conformada a lo largo de su extensa y rica historia. Con una geografía perfectamente definida atravesó momentos de esplendor y fue postergada tanto por las clases dirigentes del Estado, en muchos casos constituidas por andaluces, como por una burguesía agraria que jamás adoptó un compromiso con su tierra, convirtiéndose en una verdadera rémora para su desarrollo.
            En el siglo XIX fracasaron los intentos de un sector de la burguesía de dotar al país andaluz de un tejido industrial propio, y los levantamientos populares fueron el recurso para intentar cambiar una situación de enorme desigualdad en todos los aspectos.
            Los intentos de promover un compromiso con Andalucía a cargo de un pequeño grupo de andaluces ilustrados en tiempos de Francisco María Tubino, y más tarde por los andalucistas de Blas Infante, chocaron con la fuerte implantación del anarcosindicalismo. Y aunque en el caso de Infante, el universalismo y la tierra fueron fundamentos de su lucha, la ideología andalucista no llegó a impregnar a la clase obrera, principalmente campesina.
            Pero fue la Guerra Civil (1936-1939) la que cercenó los proyectos de autonomía puestos en marcha por la II República, gracias a la labor de Infante. El largo túnel de la dictadura franquista condenó al olvido las reivindicaciones de la identidad como pueblo y utilizó las expresiones artísticas autóctonas y lo andaluz como mero folclore al servicio del poder. Con la apropiación de la cultura de un pueblo, banalizándola y oponiéndola a otras culturas que podrían ser reivindicadoras dentro del Estado, Andalucía dejaba de ser Andalucía para ser España.
La llegada de la democracia trajo consigo un renovado ímpetu de variar un presente marcado por el subdesarrollo de una economía dependiente y de un colonialismo interior.
          A pesar de la barreras impuestas y en duro combate contra el centralismo el pueblo andaluz consiguió la autonomía. Sin embargo, desde entonces, y aun habiéndose producido cambios evidentes en la sociedad andaluza, la desmovilización popular, el desencanto y la utilización de Andalucía como mero escenario de confrontación electoral de los partidos centralistas, han reducido el peso de la comunidad andaluza en el concierto del Estado español y ha arrinconado la lucha por la identidad. A ello se une la brecha económica que todavía existe respecto de otras comunidades, y que se ha visto agravada con la actual crisis económica.

            Como ya hicieran algunos artistas en el tardofranquismo y durante la transición a la democracia, hoy se hace necesario un compromiso con la tierra andaluza desde todos los ámbitos. También desde las expresiones artísticas. Desde la poesía, un arma siempre presente en la lucha de los pueblos, que no puede ser ajena en la hora andaluza.

sábado, 26 de abril de 2014

LA EXCLUSIÓN DE ANDALUCÍA DEL ESTADO AUTONÓMICO




El exministo socialista Miguel Sebastián se ha declarado partidario de la desaparición de las autonomías del Estado español, permaneciendo tan sólo las denominadas históricas. Esto es Cataluña, País Vasco y Galicia. Este discurso, alimentado por la crisis económica, no es nuevo, si bien ha predominado más en los sectores conservadores.
            Las comunidades reconocidas como históricas lo son por haber contado con estatutos refrendados durante la II República. El golpe de Estado que provocó la guerra civil impidió que Andalucía contara con su estatuto. El mismo movimiento militar asesinó a Blas Infante, impulsor de la autonomía andaluza.
            Durante la dictadura franquista Andalucía se convirtió en la periferia subdesarrollada del centralismo. La emigración desangró sus pueblos y su cultura fue secuestrada por el régimen
            Al desaparecer el general Franco, se reavivó la conciencia de pueblo y se luchó porque la tierra andaluza contara con el lugar que se merecía en el concierto estatal. Las movilizaciones de diciembre de 1977 y el referéndum del 28 de febrero de 1980 fueron momentos cruciales en la lucha de los andaluces por alcanzar una autonomía en igualdad de condiciones que las denominadas históricas. Fue el pueblo andaluz, que pagó con sangre ese empeño de no ser menos que ninguno, el que consiguió su autonomía mediante un procedimiento al que no fue sometida ninguna otra región.

            Otra cosa es reconocer que muchas ilusiones quedaron defraudadas, que el “desarme” ideológico llevado a cabo por los distintos gobiernos autonómicos ha desmovilizado a la sociedad andaluza y le ha hecho perder buena parte de la conciencia como pueblo diferenciado. Pero el camino no es suprimir lo que tanto costó, sino profundizar en el autogobierno, en el compromiso con una tierra que necesita afrontar problemas tan graves como el paro, que la sitúa entre los territorios con mayor desempleo de Europa. En ser protagonista, como lo fue durante la Transición, de los cambios políticos que habrán de producirse en España, para no ser arrinconada como pretenden políticos como Miguel Sebastián. 

viernes, 10 de enero de 2014

RAJOY EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS Y SUSANA EN CATALUÑA





Dice el presidente del Gobierno que este año 2014 será el de la recuperación económica. Que ello será así tras haber hecho el país lo que tenía que hacer, los deberes que habían impuesto los potentados europeos. No dice el presidente que España es una nación mucho más pobre que hace unos años y con enormes desigualdades sociales. Con una merma importante de los servicios públicos y con una emigración cada vez mayor ante la desesperanza de obtener trabajo dentro. En definitiva, una caída del Estado del Bienestar.
No dice Rajoy qué iniciativa va a tomar para afrontar los cambios necesarios de adaptación de la Constitución a la nueva realidad autonómica, principalmente tras la convocatoria del referéndum por la independencia catalana. El Rey se mostró partidario de esos cambios en su mensaje de Nochebuena, pero el presidente, como tantas veces, parece mirar hacia otro lado.
El partido del gobierno hará un flaco favor al conjunto de la sociedad si no apuesta por una salida de consenso, olvidando que buena parte de la culpa por la situación creada la tiene el PP al denunciar ante un Tribunal Constitucional politizado el Estatut que había aprobado el Parlament y el pueblo catalán en referéndum.
Tampoco dice nada el presidente del gravísimo caso de financiación ilegal de su partido. Corrupción a la que no son ajenas otras formaciones y que forma parte del deterioro general de la política española, que alcanza a sindicatos y a la propia Casa Real, y que provoca una desafección cada vez más generalizada hacia la política y las instituciones.  
El panorama de hoy mismo y del año que ha comenzado necesita de un nuevo consenso, un pacto generoso y aceptado por la gran mayoría.
Y en ese pacto de partidos y comunidades, Andalucía tiene que jugar un papel primordial. No puede erigirse el gobierno andaluz de izquierda en “garante” de la unidad del Estado. Su terreno de juego es la comunidad con más paro de España y de la Unión Europea.
 Continuar con programas que palien la grave situación de muchas familias y avanzar en una verdadera transformación social del país andaluz, profundizar en el autogobierno, combatir la corrupción de manera decidida y defender la singularidad andaluza en el concierto autonómico con  una clara apuesta por los cambios a los que me refería con anterioridad, debe ser, y no es poco, la acción política de servicio al ciudadano andaluz.
 Por eso, la visita anunciada de Susana Díaz a Cataluña para reafirmar una política que corresponde al Gobierno central, está fuera de lugar. El presidente Rajoy prefiere habitar el País de las Maravillas y la presidenta andaluza perderse en Cataluña.