martes, 15 de noviembre de 2011

MALOS TIEMPOS PARA LA CULTURA

La crisis económica que de manera severa padece España ha pasado una alta factura al mundo de la cultura. Artistas de todas las modalidades tienen muy difícil el trabajo. Los ayuntamientos que, con sus programaciones culturales eran una fuente importante donde bebía este sector, atraviesan un duro momento económico y ya no pueden contratar a quienes tiene en el arte su sustento. Grupos de teatro, cantantes, músicos...se ven obligados a actuar tan sólo por la taquilla, allí donde hay local para hacerlo, arriesgándose al fracaso del negocio o a una exigua ganancia. Entre los artistas más modestos la situación resulta especialmente dramática.
            La existencia en nuestra comunidad de los Circuitos de Espacios Escénicos Andaluces supone, desde la Junta de Andalucía, una apuesta clara, que no sólo sirve para facilitar el trabajo a este sector, sino para llevar un programa de gran calidad a distintos puntos de la geografía andaluza. Aunque la problemática económica de los ayuntamientos ha hecho que muchos municipios se descuelguen de este programa público que, a un costo inimaginable, aseguran una programación fija, en tiempos como los que vivimos es loable su más que justificada continuidad.
            De la misma manera, es también destacable que se procuren medidas adecuadas para paliar el problema. Por eso quiero destacar –la fiebre bipartidista que vivimos y la intencionada ignorancia hacia formaciones políticas menores hace que pasen desapercibidas- las propuestas que sobre esta cuestión hacía el candidato al Congreso por Córdoba del Partido Andalucista, el profesor universitario Antonio Manuel Rodríguez. Dado que una mayoría de estos trabajadores de la cultura tienen ingresos esporádicos, con bajas y altas en la Seguridad Social, el programa andalucista aboga por un régimen flexible, donde se figure siempre de alta, prorrateándose los ingresos a final de año.
            El apoyo a los emprendedores culturales se fija en una exención del IVA a todos los productos culturales hasta 60 euros, que afectaría a libros, discos, entradas de cine y teatro, dvds. Se plantea también una desgravación fiscal de hasta el 50 por ciento para las pequeñas y medianas empresas de productos culturales, con la obligación de su reversión en el propio negocio. La puesta en marcha de un régimen autónomo especial para artistas y artesanos completaría esta serie de iniciativas destinadas a coadyuvar a la mejora del mundo de la cultura en este difícil período.
            Contrasta estas propuestas con la escasez o ausencia en la mayoría de los programas de los partidos que concurren a los comicios del día 20. La cultura, por los avatares de los mercados y las primas de riesgo, ha pasado a ser la cenicienta de las cenicientas en la vida de este país. Con ello perdemos todos los ciudadanos, y pierde también la libertad.  

lunes, 14 de noviembre de 2011

COSTARÁ TIEMPO OLVIDAR TANTO DOLOR

Muchos recordaremos el día en que la organización terrorista ETA anunció el abandono de lo que llaman la “lucha armada”. El hecho de que tantas personas en el País Vasco, principalmente, puedan saber que no les estallará una bomba en su automóvil o que nadie esperará para darle un tiro en la nuca, ya es motivo de inmensa alegría, aunque no haya habido el más mínimo gesto hacia las víctimas y sus familiares por parte de los violentos.
            Aunque intenten vendernos desde la izquierda abertzale y de la propia ETA, que ellos han traído la paz y, consecuentemente, es el Gobierno español el que tiene que mover ficha, todos sabemos que la única organización terrorista activa de Europa había sido arrinconada gracias a la acción de la Policía y la Guardia Civil, la colaboración francesa, y la efectividad de la Ley de Partidos de 2002, que dejaba al margen del juego político legal a quienes no condenaran el terrorismo. A ello se unió la ruptura del alto el fuego en diciembre de 2006 -tras la negociación abierta por el Gobierno de Zapatero-, con el atentado de la T-4 del aeropuerto de Barajas, que provocó la muerte de dos ciudadanos y heridas a una veintena. ETA había sido arrastrada a un callejón si salida y su brazo político había quedado descolocado y sin argumentos. Esa es la realidad.
Sí, será un día para recordar que muchas familias quedaron rotas, que la amenaza hizo que ciudadanos decentes abandonaran su tierra, que la cantera de niñatos y chulos de la banda sembró de violencia las calles de Euskadi. Que aquello que ETA denominó “socialización del dolor”  vistió de luto a numerosas familias de agentes del orden, empresarios, políticos, periodistas funcionarios o simples ciudadanos. Impuso el lenguaje de las bombas y el asesinato en otras regiones, buscando destruir la economía de las mismas, con atentados en lugares turísticos como Andalucía.
            Costará tiempo normalizar la vida de un pueblo sin libertad. Que los ciudadanos vascos puedan hablar sin temor, que Euskadi sea una excepción dentro de las democracias. No será fácil, porque tantos años de “cultura” del miedo no se borran al día siguiente del anuncio de ETA del cese de la violencia. Acostumbrar a ese mundo que ha alentado a los terroristas, que adopten formas democráticas no será fácil. Hay un largo camino por recorrer, pero ahora sin el crimen como arma política.

lunes, 17 de octubre de 2011

EL DESCRÉDITO DE LA POLÍTICA EN ESPAÑA

En enero de 2007 recibí en mi despacho de trabajo una sorprendente visita. Me llamó el conserje para decirme que unos señores de la televisión británica BBC, que habían llamado unos días antes,  deseaban contactar conmigo para un reportaje. Hasta cierto punto ello no deja de ser extraño, pues por la cuestión de Gibraltar, y el origen de la ciudad de San Roque, de la que soy cronista oficial, no sería la primera vez que ello ocurriese. La sorpresa se produjo al saludar al periodista y entrevistador. Cuando me dijo su nombre: Michael Portillo, le pregunté “¿Michael Portillo, el exministro?”. En efecto, el político que había sido hombre de confianza de la primera ministra Margaret Thatcher, tres veces ministro durante once años, ocupando el departamento de Defensa en época de John Major, venía con su micrófono y acompañado de un cámara para hacerme una entrevista con destino al programa que presentaba en televisión. Quien había estado postulado para el liderazgo de los conservadores, y retirado de la política  en 2005, había vuelto a su trabajo de periodista presentando programas de radio y televisión.
            Al año siguiente visité Ginebra, formando parte de una delegación de la Asociación de la Prensa del Campo de Gibralta. Fuimos recibidos por Loly Bolay, diputada socialista y presidenta del Parlamento del Cantón ginebrino. Bolay es la primera emigrante que ha conseguido un  puesto de tal relevancia dentro de la política suiza. De origen gallego y padre republicano viene a demostrar el triunfo de la integración de los emigrantes en todos los niveles de la sociedad helvética. Tras invitarnos a una sesión del Gran Consejo del Cantón, en la que tuvo la deferencia de trasladarnos un saludo, nos ofreció una copa en uno de los salones del Parlamento, donde nos explicó el carácter rotativo de su cargo y  la preponderancia de la cultura del pacto entre los grupos políticos. Ambas cosas en España sonarían a chino.
Supimos que los políticos suizos ejercen a tiempo parcial, es decir mantienen su puesto de trabajo, y los emolumentos que perciben por su actividad política –el de la propia presidenta era un ejemplo- son inferiores al de muchos concejales y alcaldes de pueblos de España. A pesar de la dificultad que entraña contar con ciudadanos dispuestos a la cosa pública, algo tiene de  positivo el sistema suizo: nadie entra en política para ganar dinero.
            En España, según el último barómetro del CIS, más de la mitad de los ciudadanos, el 52´2% confiesa tener poco o ningún interés por la política. Los insatisfechos con la democracia superan a los satisfechos, 31´4% contra 22´1%. El 70% tiene una imagen positiva del movimiento 15-M, que tiene entre sus banderas el rechazo a los grandes partidos y a la forma de hacer la política en el país. El 85% considera que el fenómeno de la corrupción está extendido por toda España, y el 86´6% está convencido de que el colectivo más salpicado por esta práctica es el de los políticos. Ello contrasta, por ejemplo, con la implicación política de la sociedad noruega, tristemente de actualidad por los atentados terroristas de  la isla de Utoya y de Oslo. En el país escandinavo, donde los jóvenes se implican en la política desde el instituto, los ciudadanos tiene en alta estima a sus políticos, por encima de cualquiera otra institución.
            Ciertamente que todos los políticos no son iguales, los hay que, desde su visión ideológica, tratan de mejorar la vida de los ciudadanos a los que sirven y a los que se deben, pero no puede negarse que las instituciones se han convertido demasiadas veces en verdaderos cortijos donde muchos se han lucrado, han utilizado el dinero público para el más descarado enchufismo, han beneficiado a empresas de familiares y amigos, han “recolocado” a exalcaldes y exconcejales en el caso de los ayuntamientos, mancomunidades y diputaciones. Se han divorciado de la ciudadanía a la que sólo recurren en tiempo de elecciones.
            Ahora, cuando la crisis económica que padecemos deja a flote la penosa situación de las arcas públicas, cuando afrontar la nómina de los empleados supone una hazaña todos los días, sigue habiendo legiones innecesarias de “liberados” y de personal de confianza. Qué lejos de los políticos de otros países, que sin ser la panacea, jamás entendieron la política como una profesión, y menos aún como una manera de favorecer sus propios intereses y los de sus familiares, amigos y compañeros de viaje.

domingo, 9 de octubre de 2011

LAS RAZONES DE ANDALUCÍA, CONTRA LOS ATAQUES DE POLÍTICOS DE CiU







Los dirigentes nacionalistas catalanes Artur Mas y Durán Lleida, como decimos por aquí, se están luciendo. El primero declaró en el Parlament, a la hora de defender la inmersión del idioma catalán, que a los niños andaluces y gallegos no se les entendía al hablar castellano. El segundo habló de las comunidades subsidiadas en el campo. Para herir aún más, unos días después, durante un acto de CiU, se despachó claramente, diciendo que los campesinos andaluces son subvencionados mientras se pasan la jornada en el bar. Respondía, según afirmaba en sus discurso a las “chulerías” de la consejera andaluza de Bienestar Social quien, con poca fortuna y en clave electoralista, había manifestado que mientras en Cataluña se cierran residencias de mayores, en Andalucía se abrían otras nuevas.
            Aunque no es nada nuevo, este tipo de ataques a Andalucía arrecian ahora cuando la Generalitat mantiene un pulso con el Gobierno central para obtener un concierto económico especial. Es el discurso de la Cataluña esquilmada por el resto, obligada a todo tipo de recortes debido a que el dinero catalán va a otras regiones. Una forma de oponer al ciudadano de esta comunidad a las del resto de España. Y en el fondo es la idea mantenida desde el inicio de la Transición de un Estado y tres nacionalidades históricas, que Andalucía, contra viento y marea, rompió en el referéndum del 28 de febrero de 1980.
            Nunca he compartido el anticatalanismo de la derecha más conservadora, que como fruto no está teniendo otro que el aumento del sentimiento de separación de los catalanes. Jamás apoyaré el radicalismo de condenar lo catalán, esa ocurrencia de rechazar los productos que provienen de esa comunidad. Pero tampoco el efecto contrario: el que trata, insensatamente, de convertir a una tierra en víctima a costa de otra.
            No voy a repetir aquí argumentos como la marginación a que históricamente fue sometida Andalucía, que obligó a una emigración masiva a otras tierras, entre ellas a Cataluña, llamada entonces la “novena provincia andaluza”. Prefiero referirme a la actualidad más allá de las declaraciones de políticos en busca de titulares de prensa y aplausos fáciles. Mientras eso ocurre leo que nace en Málaga el primer centro en España de nanomedicina, una apuesta de investigación del sistema sanitario público andaluz para el estudio, control y manipulación de materiales, estructuras y dispositivos a escala manométrica. Ello permitirá el desarrollo de sistemas que transporten fármacos capaces de alcanzar el órgano, tejido o grupo celular utilizando manoestructuras. Y no es el único centro de investigación avanzado. En Granada funciona el Genyo, de genómica e investigación oncológica, y en Sevilla, el Gabimer, pionero en biología molecular y medicina regenerativa. También en Sevilla, el pasado mes de marzo, se abrió en el Parque Científico Tecnológico Cartuja, el Proyecto Genoma Médico, vanguardia en la investigación de enfermedades denominadas raras, y que no interesan comercialmente a los laboratorios privados.
            Prefiero referirme, por último, al recientemente inaugurado complejo eléctrico termosolar de Sevilla, la única central de torre termosolar del mundo, que se verá ampliada con otras dos del mismo tipo en el municipio de San José del Valle.
A Andalucía le sobran razones para combatir los ataques de quienes tratan de utilizarla para sus fines políticos, para quienes mantienen el rancio discurso de la indolencia y del aprovechamiento a costa de otros pueblos.

lunes, 22 de agosto de 2011

FRANCISCO MARÍA TUBINO: LA BURGUESÍA DECIMONÓMICA COMPROMETIDA CON ANDALUCÍA


El pensamiento político de Francisco María Tubino Oliva fue abordado por los profesores Acosta Sánchez y Arias Castañón en la tercera edición del Congreso de Andalucismo Histórico. El primero hizo una interesante aportación en torno a los orígenes del andalucismo y la influencia krausista en dicho movimiento, donde destaca la figura de Tubino. La segunda intervención se fundamentó en el periódico La Andalucía, del que el escritor fue director y propietario.  Posteriormente, en el celebrado  en Ronda en 2001, tuve la oportunidad de abordar nuevamente la figura de este destacado sanroqueño, en relación con las ideas expresadas en el libro Patria y federalismo, que apareció en Madrid en 1873, año de la I República.
            Por las aportaciones citadas al principio, sobre todo por las de Acosta, conocemos a un Tubino representante de la burguesía más dinámica y comprometida con Andalucía, que desde el referido diario sevillano, defensor de la idea de la “Unión Andaluza” en el periodo 1858-1859, mantendría una lucha tenaz por un andalucismo federal. A partir de 1860 asumió la dirección del prestigioso periódico  y de manera decidida apostaría por esta idea que extendería hacia la región  de Extremadura.
            Esa pequeña burguesía progresista y las burguesías urbanas constituirían los grupos más dinámicos de la reivindicación regionalista, dentro de unas ideas regeneracionistas. Sin embargo, esa lucha por la modernización de Andalucía  chocaría con la estructura rural y el enorme poder de la oligarquía agraria.
            La biografía de Tubino es intensísima. Nació en San Roque en 1833 y falleció  a los 55 años en Sevilla en 1888. En la capital hispalense estudiaría  Filosofía y Letras, sintiendo muy pronto la vocación periodística. Como periodista vivió la guerra de África de 1859-1860, y trabajó en Cádiz, Sevilla y Madrid, donde fundó la Revista de Bellas Artes y la Revista de Arqueología. Su labor como arqueólogo ha sido ampliamente destacada en numerosos estudios. Asimismo, rescató una serie de códices árabes que cedió a la Universidad de Sevilla.
            Como escritor profundizó en el orden histórico: Un trono en México, La Corte de Sevilla, Historia de la monarquía castellana durante el reinado de Pedro I,  Estudios prehistóricos o Los aborígenes ibéricos  son algunos títulos de su extensa nómina.
            Como estudioso de la cultura y el arte escribió Murillo y su época, El arte y los artistas contemporáneos de la Península, Estudios sobre el Arte en España, La filosofía del arte en Andalucía, La reforma artística, La escultura contemporánea, Introducción al romanticismo en España, Pablo de Céspedes y su época y El Renacimiento literario contemporáneo en Cataluña, Baleares y Valencia, que fue  reeditado en 2003, por la editorial navarra Urgoiti, con estudio del profesor Pere Anguera..
            En el campo de la política y la sociología: Estudios contemporáneos, Las ciencias del hombre según las más recientes e importantes publicaciones, Gibraltar ante la historia, la diplomacia y la política y Patria y federalismo. En el terreno de la filosofía escribió La crisis del pensamiento nacional y el positivismo. Fue un destacado cervantista dando a la imprenta los libros El Quijote y la estafeta de Urganda y Cervantes y el Quijote.
            Como reconocimiento a su trabajo fue nombrado académico de la Real  de Bellas Artes de San Fernando y de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, así como socio de sociedades de diferentes países europeos. El Gobierno de Alfonso XII le nombró comisario en exposiciones internacionales y sus gestiones llevaron a la recuperación, en 1882, de los restos del Cid y doña Jimena, que habían sido profanados y sacados de España por las tropas napoleónicas. Este servicio del sanroqueño le ocasionó numerosas envidias entre  intelectuales y políticos de la época.
En el advenimiento de la I República, encontraría Tubino la oportunidad de un Gobierno que alcanzara la modernización del Estado, a través de las ideas federalistas.  Asimismo, la legitimidad de la sociedad como organismo político tendría, por tanto, su centro en  el respeto de los derechos del hombre que jamás podrían ser conculcados. “No nació el hombre para la sociedad; por el contrario, ésta existe y se conserva en su exclusivo beneficio”. 
El Ayuntamiento de San Roque, que ya le había dedicado una calle al producirse su fallecimiento, y  en cuyas oficinas generales había trabajado Tubino, le rindió un homenaje a su memoria en el centenario de su nacimiento, en 1933, y  a instancias de la Asociación de Empleados Municipales,
Desde esas fechas, una lápida colocada en las oficinas de la que fuera Casa Consistorial hasta 2009,  recuerda dicha efemérides. Asimismo, en 1988, coincidiendo con  el centenario de su muerte, el Consistorio organizó una exposición sobre su obra y reeditó “Estudios contemporáneos”. Del mismo modo descubrió una lápida en la casa donde había nacido, en la calle que lleva su nombre.







DOS FORMAS DE SENTIR ANDALUCÍA: JOSÉ MARIA PEMÁN CONTRA BLAS INFANTE







“Sobre nuestro cielo bético, azul, luminoso, transparente, ilimitado, fue un verdadero pleonasmo la aparición de aquella avioneta, ingenuamente revolucionaria, que como quien anuncia una buena nueva, gritaba, con letras de pintura, desde sus alas de tela: ¡Andalucía libre!” Así iniciaba el escritor José María Pemán un extenso artículo publicado el 19 de septiembre de 1931 en la revista de Bogotá Mañana. Era una respuesta a la irrupción de los andalucistas de Blas Infante en la campaña a las Cortes Constituyentes republicanas de aquel mismo año, que emplearon una avioneta en su campaña electoral con el fin de llegar a todos los puntos del territorio andaluz.
            El artículo, desconocido para los estudiosos de ambos personajes, refleja la otra forma de entender Andalucía, lejos de la idea regeneracionista y liberadora de Infante, de compromiso con una tierra sumida en la miseria y sometida a los dictados de los terratenientes. “Venir –y nada menos que por los aires- a enseñar la libertad en Andalucía. Pero es como decía el viejo Antón Melero vender miel al colmenero. Andalucía es libre desde los tiempos del Rey de Plata, de las leyes en verso y de las ágiles bailarinas de Cádiz: Has llegado tarde con tu anuncio arcángel mecánico”, sostenía el poeta gaditano.
            En la línea de quienes querían hacer ver a una tierra sin necesidades en lo político, más allá de los círculos más conservadores, e incluso coincidiendo con quienes desde el Ministerio del Interior, quisieron involucrar a Blas Infante en un extraño complot para crear un Estado andaluz independiente, Pemán escribía: “nosotros los andaluces hemos llegado, por nuestra vieja práctica mucho más lejos en el camino de la libertad. No nos conmueve ya eso de Andalucía, cantón independiente.(...) Todo eso ha sido superado por todos nosotros; ni es ya para nosotros un atractivo. Aquí cada andaluz, es por sí, un cantón independiente ¡Cómo va a emocionarnos a nosotros, que en el balcón del bello y barroco Ayuntamiento de Sevilla, se enarbole un día una bandera autónoma, de género catalán mal imitado, si cada uno de nosotros hace tiempo que hemos enarbolado ya en nuestro espíritu, una bandera de brava independencia. Cada campesino que marcha en su rocín, lenta y filosóficamente y campo atraviesa, violando líneas y sembrados, es un estado independiente, con su estatuto, con su Generalitat”.
            Con su innegable dominio de la pluma el autor de El divino impaciente  estaba muy lejos de la libertad entendida por Infante, “Andalucía , es un imperio  en cada alma, no nos vengan a nosotros anunciándonos, como un nuevo evangelio, la flamante autonomía ejemplar de Els Segadors. Aquí, hace tiempo, que se basta un hombre solo para cantar una copla o para matar a un toro. Y sin peligro, porque no hay cosa que tenga sentido más universal y más humano, que la libertad del espíritu, el alma que está segura de su libertad, es abandonada y dócil”.
            Contrario a las aspiraciones autonómicas, la única libertad que entendía era la espiritual, de la que los andaluces debían estar repletos, “esta es la honda e íntima autonomía andaluza: autonomía del espíritu. Andalucía libre, sí, pero sin problemas federales. Andalucía hermana y acogedora, a fuerza de sentirse inviolable (...) Por eso el Betis, el Darro y el Genil, entre sus márgenes floridas de ilustres sonetos, se sonreían compasivamente cuando apareció el arcángel de lona, entre sus nubes fragantes de aceite de ricino”.
Era la reducción del pensamiento a la Andalucía como genio de España, (“ancha es Castilla por Andalucía”), conformista y olvidada por el centralismo. Y contra el regeneracionismo y la lucha por la identidad, impulsado al final de la primera década y siguiente del siglo XX por un grupo de la pequeña burguesía andaluza, esa otra burguesía aristocrática y de intelectuales conservadores.
Como Pemán, posteriormente cantor de la dictadura franquista, también el que luego fuera primer presidente de la II República, Niceto Alcalá Zamora, se mostró contrario a ese primer intento regionalista. En 1914, en el discurso pronunciado en los Juegos Florales del Ateneo de Sevilla, afirmaría: “Esta es la región de mis ensueños, pero no quiero ver en las piedras de la sierra las divisiones de fronteras, sino flores alegres que nos hagan pensar en el ensueño de nuestro cariño (...) Andalucía es la más grande expresión de la unidad nacional, porque es el remate de la cúpula del esfuerzo de todas las regiones”.
Defendían un regionalismo no político, poético de pandereta, de la gracia y de los toros. Andalucía no necesitaba nada porque lo tenía todo, y porque era en sí, la esencia de España. La imagen que luego prevalecería durante el régimen de Franco, cuyo levantamiento cercenó la vía autonómica del pueblo andaluz y asesinó a Blas Infante, su máximo representante. Una imagen apartada de la realidad de una tierra subdesarrollada, donde la emigración era la única salida.

EL PARTIDO POPULAR Y EL PROBLEMA DE ANDALUCÍA



Todas las encuestas dan al Partido Popular como ganador en Andalucía después de casi treinta años de gobierno socialista. Sin embargo, desde fuera de la comunidad, dirigentes de dicho partido se empeñan en aguarle la fiesta al candidato de los populares Javier Arenas. El expresidente Aznar desde la tribuna que preside, la FAES, y la presidenta de la comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, han cuestionado el proceso autonómico andaluz, calificando de error la histórica conquista andaluza del 28 de febrero de 1980, como origen de los “males” del Estado de las autonomías. Ambos critican la consecución por Andalucía de la condición de nacionalidad histórica. En su desconocimiento o irresponsabilidad Aguirre califica el logro conseguido por 2,5 millones de andaluces en el referéndum trampa del entonces gobierno de UCD, de “maniobra enmarcada en la operación de acoso y derribo al presidente Suárez”.
            Despreciar la lucha del pueblo andaluz para conseguir su autonomía al mismo nivel que las calificadas como “históricas” en la Constitución Española, es intentar retroceder en la historia, preferir la Andalucía sometida al centralismo y secuestrada en su identidad.
            No es nada nuevo. En 2007 el eurodiputado del mismo partido Vidal-Quadras calificó a Blas Infante de “cretino integral”, y refiriéndose a la reforma del Estatuto, declaró: “yo no he acabado de entender cómo el preámbulo toma como referencia el manifiesto de Córdoba, que es Blas Infante y toda esta pandilla”. Su compañera, Ana Mato, también eurodiputada, manifestó en 2008, al referirse a las competencias en educación de las comunidades autónomas, que “los niños andaluces son prácticamente analfabetos”. Por su parte, la secretaria general de los conservadores María Dolores de Cospedal, ese mismo año, puso la guinda: “con un gobierno del PP en Andalucía, los andaluces ya no van a tener que irse fuera a buscar trabajo”. Probablemente, la actual presidenta de Castilla-La Mancha piensa que nos encontramos en los tiempos de la emigración de los años sesenta del siglo pasado, y no se ha enterado de que hoy ocurre todo lo contrario, son muchos los extranjeros que se establecieron en Andalucía, durante las décadas de los noventa y en los años anteriores a la crisis que hoy padecemos.
            Y lo último. Siguiendo la estela del PSOE, pretendiendo hurtar el debate de las cuestiones andaluzas y utilizar las elecciones autonómicas con miras netamente partidistas, la portavoz de los conservadores en el Congreso, Soraya Sáenz de Santamaría, ha solicitado que las elecciones generales adelantadas para el 20-N coincidan con las andaluzas. Ello en contraposición a lo defendido por Javier Arenas, candidato de su partido a la presidencia de la Junta.
            No me imagino que tal proposición se hiciera con las elecciones catalanas, vascas o gallegas.
            Tratar a Andalucía, por parte del PP de arriba de Despeñaperros, de manera peyorativa o con un alto grado de incomprensible desconocimiento, pone en mal lugar a sus compañeros del sur y, sobre todo, supone una afrenta a todos los andaluces independientemente de la ideología que profesen.